Hace tres años me incorporé a mi actual compañía como responsable de un nuevo equipo después de haber trabajado once años en mi anterior empresa.

Las incertidumbres, los miedos o la posibilidad de no cumplir con las expectativas creadas hicieron que la sensación de vértigo inicial, se pudiera convertir en inseguridad y de ahí, a ciertos bloqueos a la hora de tomar decisiones. Éstos habrían podido perjudicar tanto a mi rendimiento en particular como al del equipo del que era responsable. Por suerte, contaba con Isabel.

Luego estaba la cultura. En mi caso, pasé de una cultura de empresa familiar pyme en crecimiento continuo durante muchos años, con pocos procesos y muy enfocada a resultados, al de una multinacional alemana, con procesos y estrategias muy marcadas por la central. Contaba con sindicatos, un proceso de cambio cultural incipiente y con un “background” de absorción de empresas que tenían su base en el sector industrial.

¿Cómo fue el cambio?

Un ejemplo muy sencillo: mi primer viernes a las tres del mediodía. Yo estaba ya preparándome para marchar y de pronto observé que nadie se levantaba y recogía, así que pregunté a Isabel que porque no se iba nadie. Resultó que en mi nueva empresa no había horario intensivo los viernes, aspecto que ni había preguntado en la entrevista dándolo por sentado, ya que era algo bastante común en el sector IT.

¿Y sobre el resto?: procesos a los que no encontraba mucho sentido, servicios externalizados a otros países, temas de seguridad, protección de datos; contraseñas y más contraseñas para acceder a las diferentes aplicaciones para poder realizar peticiones, aprobaciones, calendarios, seguimiento de equipo, altas, etc….

Reconozco que tuve un par de días un tanto complicados. Me cuestioné la decisión que había tomado al ver que mi manera de pensar y de hacer, no encajaba para nada con la cultura de la compañía. No obstante, siempre que tenía alguno de esos momentos de frustración o inseguridad, aparecía Isabel.

Y, ¿quién es Isabel?

Isabel ha pertenecido a mi equipo de selección durante estos últimos 3 años. Su primer correo electrónico solicitándome documentación para gestionar el alta durante el proceso de incorporación fue exactamente:

“Ya con muchas ganas de conocerte y empezar a trabajar contigo”. De manera que, ¿Qué podía salir mal?…

Isabel es… bueno, ha sido la veterana de mi equipo. Cuenta con más de 30 años de antigüedad y conoce todas las etapas por las que ha pasado la compañía.

“¡Isabel es Dios!”. Es una frase que recuerdo decir en una presentación que estaba haciendo al cabo de unos meses de mi incorporación al área de HR.

Conoce los procesos o a quién preguntar cuando lo necesitas. Es proactiva, irradia energía, optimismo y es una excelente confidente. Tiene buena actitud y siempre está enfocada en solucionar el problema, proponiendo así una o varias soluciones al conflicto. Si a esto le sumamos que genera confianza y expone su opinión de manera asertiva, tenemos un pack completo.

Su apoyo fue decisivo en su momento, y cada vez que cuestioné mi decisión por haber cambiado de empresa; me ayudó a seguir avanzando.

Compartimos la hora de la comida durante las primeras semanas, fue presentándome a nuestros compañeros y me explicó los motivos de algunos procesos así como los aspectos que no entendía. Además, me apoyó siempre en el momento de cuestionar, reducir o incluso eliminar muchos de ellos.

En cada incorporación del equipo, sabía que podía contar con Isabel para llevar a cabo el mejor “onboarding” posible. Además, contar con ella era un valor seguro a la hora de realizar los procesos más tediosos, las auditorias, etc…

Os hablo en pasado de ella porque se jubila de manera anticipada. Podría estar un par de años más con nosotros, pero los “savings” a los que estamos condicionados cuando trabajas en una multinacional con un marcado carácter financiero generan estas situaciones. A nivel de balance financiero probablemente resulta rentable, pero a nivel de impacto económico, para nada, sin dudarlo. Mucho nos falta al departamento de HR para poder demostrar todos estos aspectos.

Recuerdo el día que comentamos la posibilidad. Realmente esperaba que no aceptara y que siguiera con nosotros un tiempo más. Sin embargo, Isabel, valorando pros y contras, “hizo de Isabel” y aceptó la propuesta.

No somos conscientes de cómo la vamos a echar de menos y del impacto que esto va a suponer para el resto del equipo, pero es algo que vamos a tener que aprender a gestionar.

Por mi parte y para concluir, solo decir que todas las empresas deberían poner una Isabel en nuestras vidas. Debido a su apoyo, a que te que hacen la vida más fácil y a la tranquilidad que nos da el saber que siempre están ahí.

Por desgracia no ha podido tener la despedida que se merece en los tiempos difíciles que corren. No obstante, estoy seguro de que le pondremos solución más adelante.

Mientras tanto, si os apetece, podéis seguir sus aventuras en laabuelamotera.com, un blog imprescindible para todo amante de la motocicleta, así como para conocer un poco mejor a Isabel.

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byIsabel onHR Science
Soy Isabel

Estoy emocionada de verme reflejada en tu post. Tengo que decirte que si he sido así no es más que fruto de una gran educación por parte de mis padres y educadores en valores, ética, honestidad etc.... No ha supuesto ningún esfuerzo complacer a la compañía y a los compañeros en todo lo que necesitabais. Tu me has enseñado muchas cosas que eran nuevas para mí y me encanta que inicies este proyecto que seguro que será un gran éxito!!!!